Mostrando entradas con la etiqueta Pujili. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pujili. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de junio de 2015

Tierrita mía: La Victoria



El caminar por mi barrio es llenarse de paz y armonía, aunque La Victoria, siendo una parroquia del sector rural, se está modernizando mucho. Claro, porque no puede quedarse a un lado de la modernización y todos los cambios que el efecto globalizador provoca.
Mi parroquia, donde se hacen “los barritos”, la mayoría de alfareros y ceramistas, da forma de manera artesanal a varias figuras utilitarias y decorativas (pondos, floreros, ollas, entre otras), con la materia prima principal que es el barro y en otros casos, arcilla.
A una cuadra de llegar al parque central, se encuentra el taller de cerámica “La Victoria”, con su propietaria, la señora Yolanda Valdez, oriunda de la provincia de Los Ríos, quien se dedica netamente a la elaboración de la cerámica y explica su proceso:
1.      La materia prima, arcilla, es adquirida desde el Puyo, Cuenca y hasta Colombia; ésta es procesada en el mismo taller, mezclada con: caolín, silicato, agua, talco, entre otros, hasta convertirla en un estado líquido y espeso, llamado “barbotina”.
2.      Esta es baseada en matrices de yeso, hasta tomar Un espesor de cinco milímetros, más o menos y se retira el exceso. Luego la figura es retirada del molde para pulirla y según la forma añadir o retirar las partes innecesarias.
3.      Dejar que la figura se seque a temperatura ambiente (al calor del sol), darle los últimos retoques para que luego vaya a un horno refractario, donde se cocerá a una temperatura que llega hasta los 1500º C. Este proceso tiene una duración de entre 4 a 5 horas. Dicho horno no funciona a leña, como se acostumbra ver, sino que utiliza un tanque de gas y quemadores.
4.      Luego de enfriarse el horno se procede a decorar la figura con pintura de agua, al frio, al calor, metalizada, acrílica, resina, entre otras. Teniendo como principal elemento artístico el pulso en las manos de él o la ceramista, jugando a combinar colores y dando rienda suelta a la creatividad.

Así es La Victoria, un atractivo turístico que día a día renueva y trabaja su artesanía con amor y cariño; un lugar en el que se trabaja sin importar el frío, el sol o la lluvia, pues basta tener un viejo equipo de sonido alado y sintonizar una buena emisora para sentirse acompañados y trabajar aún más con el mejor entusiasmo.

Por: Ibeth Olmos

Subiendo el Sinchaguasín

De izquierda a derecha: Thairis y Ema (New York), Yvette (Australia).

Mi lindo Pujilí tiene tantos lugares qué visitar, uno mejor que otro; pero el preferido de quien llega a hacer turismo, resulta ser a donde los lleve el camino. Y fue algo que me pasó este fin de semana, cuando tres maestras extranjeras de mi hermana (dos de New York y una de Australia) quisieron ver lo que ofrece este cantón.
Sus nombres: Thairis, Emma e Yvette, quienes en compañía de mi hermana, Jenny, viajaron desde Quito para ser partícipes de las tan conocidas Octavas de Corpus Christi. El clima acompañó, pues dándole gracias al cielo, no llovió. En lo que terminó el desfile, buscamos una discoteca en la que nos pudiéramos divertir un poco, encontrar a viejas amistades y conocer nuevas. Esto de hacer vida social, no resultó tan difícil.
Ellas no quisieron dormir en un hotel, así que en casa tuvimos que preparan camas para las visitas, y una vez más se comprobó que la humildad no tiene límites y es un buen requisito para hacer buenas amistades.
Sin planificación alguna, el siguiente lugar a visitar sería la Plaza de hierbas, conocida así por la feria que en el lugar se realiza los días miércoles y viernes. En dicho lugar se dio el tradicional levantamiento de ‘castillos’, lugares en donde los pujilences ofendan ropa, alimentos y plásticos para que quien tenga el valor de subir a semejante altura, se los llevara. Mis tres nuevas amigas, quedaron asombradas, pero la aventura tenía que continuar.

Cima del Sinchaguasín.

Luego de caminar por las estrechas y empedradas calles de Pujilí, optamos por subir las gradas del Sinchaguasín. La expectativa era llegar hasta la cima, y lo hicimos. La majestuosidad del paisaje daba espacio a hacer varias reflexiones sobre la vida, sobre lo pequeños que somos en ella, sobre lo poco que hacemos por ella… Por un momento fui su guía turística, y me dio tanto gusto compartirles algo de historia o una breve descripción de algunos rincones de Pujilí.

El hacer turismo involucra voluntad de ver más allá de lo que se puede observar, y es algo de lo que pudimos hacer Yvette, Thairis y Emma, puesto que tenían que regresar a Quito para poder descansar y empezar una nueva semana de labores. 

Por: Ibeth Olmos

Para Cantarte

Darwin Enriquez en Coquimbo - Chile. Alas de mi patria 2014

Pujilí, el emporio musical, tiene tanto que ofrecer, y no es conocido únicamente por sus pintores, el paso del Danzante, el Santuario del Niño de Isinche y los artesanos de La Victoria. Tiene más que ofrecer.
Gente amable, carismática y talentosa, que día a día hace que el nombre de este lindo cantón, florezca y embellezca aún más.
Es así el caso de Darwin Enríquez, un artista pujilence que empezó a componer canciones desde sus seis años de edad,  y sin demorarse mucho, ya era un músico, pues entonada muy bien la guitarra. Hoy, luego de un largo caminar haciendo música, no se olvida de su tierra, del lugar que lo vio nacer, que lo vio crecer… y le dedica este pasillo.


Pujilí, para cantarte
Ritmo: Pasillo
Autor y compositor: Darwin Enríquez

Tus danzantes para el sol brindaron la cosecha
 al son de sus rituales.
Tú, fuiste la posada en los años de arrieros,
de aquellos caminantes arribando a su descanso.

Pujilí, tierra de ensueños, de alfareros, tú…
de cantores del alma,
tus mágicos paisajes, tus lienzos de colores;
cañaverales de esperanza recibiendo la alborada
y el amor del que surca tu encanto de antiplano.

Hoy me quedaré para cantarte,
mi guitarra, el anhelo de mi amada,
Pujilí, te extrañaré cuando me faltes;
en mi nostalgia te hallaré para mimarte.

Patrimonio intangible de mi patria, tú…
bella cuna del arte
y un centinela altivo: “Sinchaguasín del tiempo”;
cuidando tu silueta, despierto sin temores.

Por tus calles empredradas transitaba, ahí…
me enamoré de ella,
tú eres el testigo del amor que respiro,
del amor que me estremece cuando vuelvo a su ventana;

dejándome en sus brazos, cobijados de tu cielo.


Por: Ibeth Olmos